Vivían en Atenas. Se ocupaban de
enseñar a los ciudadanos. Opinaban que los seres humanos no serían capaces de
encontrar respuestas seguras a los misterios de la naturaleza y del universo.
Esto es el escepticismo.
Señalaban
que no había “normas absolutas” sobre lo que es correcto o erróneo. A los que
no saben pronunciarse con seguridad sobre la pregunta de si existe o no un
dios, los llamamos agnósticos.
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